Urgencias Primarias – En el mismo lugar

Hoy junto con mi colega fuimos llamados por la administración del hospital sin saber realmente el motivo. Nos dirigimos sin mucha prisa al último piso del hospital donde tomamos las primeras sillas que vimos desocupadas y nos sentamos a esperar, una espera que fue bastante extraña ya que junto con mi compañero nos dedicamos a observar nuestro alrededor de forma detallada, como si quisiéramos encontrar algún cambio en algún rincón de las paredes, no había absolutamente ningún cambio en ellas, ni siquiera desgaste, todo estaba igual de inmaculado como el primer dia trabajo.

Nuestra espera seguía en el último piso del hospital, a ratos se nos acercaba la secretaria y nos pedía disculpas por el retraso del director y nos servía café, el tiempo realmente no avanzaba en esa sala de espera. En ese momento me levanté de mi asiento y me fije que en una muralla algo alejada de la sala de espera había muchas fotos de los equipos que estaban trabajando en el hospital incluyéndonos a nosotros los paramédicos, cada una de esas fotos mostraba las fotos de ingreso, los inicios de todos los trabajadores actuales de la institución. No pasó mucho rato de observación para toparme con mi foto en cerca del centro del muro junto con la de mi colega, eran fotos que mostraban en nuestro primer día de trabajo a cargo de la ambulancia A-112, fotos que registraban de forma directa lo distintos que somos nosotros ahora con respecto a esos registros enmarcados en humildes maderos.

El hospital no ha cambiado mucho desde tal registro fotográfico, lo que sí ha cambiado son las personas registradas en ese muro de personal alojado en el piso directivo y con esa idea en la mente me acerque a mi colega para que me acompañara al muro con las fotos corporativas. Mi colega se levantó con diligencia y me siguió, al ver las fotos bitácora colgadas su cara de aburrimiento por la espera cambio a una cara de orgullo la cual no entendía mucho y le pregunté ”¿y porque ese cambio de cara?”, a lo que me responde “mira nuestras caras en la foto y comparemos con nuestras caras actuales, tenemos caras bastardas, excelente pues colega”.

Caras bastardas…ese termino me quedo girando un rato en la cabeza sin encontrarle mucho sentido y pregunte ”¿como eso de caras bastardas?” y me dice enseguida “eso pues colega, que tengamos estas caras bastardas significa que el hospital que pisamos ya no es ni será el mismo lugar al cual llegamos hace años atrás”. Luego de decirme eso vuelve a sentarse en la sala de espera y le pide a las secretaria que sirva dos cafés más, yo al menos ya había perdido la cuenta cuánto tiempo habíamos estado esperando en esa sala, eran minutos disfrazados de horas, horas en la que me preguntaba porque mi colega estaba tan orgulloso que tuviéramos caras bastardas. Me senté a acompañar a mi colega y miro el reloj de la secretaria y me fijo que solo habían pasado cinco minutos desde que llegamos al despacho del director, cinco minutos de reflexión sobre el presente, cinco minutos donde entendí el orgullo de mi colega.

Caras bastardas no es una muestra de actitud, sino que una muestra de fuerza entrenada, como me decía mi colega muchas veces “si eres un bastardo respetado, significa que eres un hombre fuerte respetado”. Si quisiera explicar el cómo hemos construido poder con mi colega en este hospital es aceptando que cada uno es dos hombres a la vez, un bastardo y un hombre, si le pones atención sólo a uno lo único que se tendrá será debilidad de cuerpo y de mente, sólo tendrás la mitad de tu potencial, potencial que puede hacer falta cuando se quiere ir más allá de la zona de confort. Si solo se entrena al hombre, sólo se será un hombre grande, un hombre con mitad de fuerza, ya que no se sabrá enfrentarse a situaciones bastardas, situaciones que abundan tanto en mi oficio como en la vida de este hospital. Lo mismo ocurre si solo se deja crecer al bastardo, uno podría convertirse en un castrado que no podrá ser capaz de avanzar campos fértiles que solo pueden ser sembrados con trabajo bien intencionado.

Sin duda ya no somos los mismos de antes, porque ahora nos importan cosas distintas, muchos casos vivido en la ambulancia se han vuelto irrelevantes, se ha perdido al asco a casi a la mayoría de las situaciones bastardas y se ha aprendido a cosechar los campos que fueron sembrados en tiempos de entrenamiento. Es ahí cuando se confirma una frase que me dijo colega cuando atendimos a nuestro primer paciente “cuando el bastardo y el hombre sean igual de grandes, fuertes y se entiendan, estas situaciones de mierda ni siquiera mancharán tu uniforme”.

Ya son las 14:00 PM en punto y lleva diez minutos de retraso el director, pero todo esta bien porque esos minutos me hicieron entender que el bastardo y el hombre son igual de grandes y se entienden, eso hace que este lugar sea diferente a pesar de que no se haya cambiado el color de pintura de las oficinas en muchísimos meses. Mi colega me observa durante ese pensamiento y se alegra diciéndome “ves que no tiene nada de malo nuestras caras bastardas, es un logro que debemos evaluar nosotros mismos, ahora solo nos falta tener más gloria”, a lo que yo le respondo con una sonrisa amable y veo al director llegar con prisa por el ascensor, el nos observa con tranquilidad y nos dice mientras se nos acerca “disculpen la demora, su espera valdrá la pena, solo le traigo buenas noticias…pasen a mi oficina”.

Licencia de Creative Commons

Urgencias Primarias por Raúl “El Búho” Muñoz se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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