Casos de vida – Zapatos gastados

Han pasado más de 2 años desde que comencé a colaborar en este negocio funerario y creo que he aprendido mas de lo imaginado para mi, he madurado y comprendido gran parte de lo que me hizo sufrir en épocas pasadas, mucho de culpa propia, pero no me arrepiento de nada. Sin duda las cosas son distintas ahora, mis prioridades e intereses ya ni se acercan a mis antiguos pensamientos, ya no existen miedos, ya no existen dudas, todo esos fantasmas desaparecieron al igual que intención de vivir la vida que llevo en la actualidad. 

Estaré eternamente agradecido de lo que me ha entregado esta familia, su compañía y apoyo material ha sido fundamental en estos meses de reconstrucción, pero siento que este mismo escenario que me refugio ahora no hace mas que asfixiarme cada minuto que pasa, siento que no hay más camino que recorrer en esta vieja guarida la cual ya no tiene sentido habitar. Tal vez este era el miedo que yo tenía desde un principio que acechaba todos los días mi cabeza mientras trabajaba en esta familia adoptiva, no era un miedo a cometer viejos errores, sino más bien a crecer y entender que necesito equivocarme aún más para avanzar y para eso este oasis de comprensión que encontré en medio de mi primer desierto no me está ayudando, su agua ya no me calma, solo me convierte en un ansioso amargado .

Se me vienen a la mente reflexiones del porque aun no me retirado de este lugar y muchas de ellas recaen en los afectos entregados y ganados en esta zona segura y siendo completamente sincero conmigo me mal acostumbre a ellos, me mal acostumbre a la ruta guiada sacrificando la caminata propia. No puedo culpar en absolutamente en nada a estos nuevos compañeros de viaje, ellos han sido completamente abiertos y sinceros conmigo desde el momento primero, simplemente he sido yo el cobarde que no ha querido decidir a tiempo una realidad que ahora me golpea la cara cada mañana, esta funeraria es una estación de paso y debo saber que el retiro de este lugar ya no es una opción, sino que una urgente obligación.

Debo admitir que esta conclusión me entristece y no me siento capaz de procesarla en un cien por ciento, por lo que decidí hacer mis últimas dos preguntas al hombre que me trajo a este oasis milagroso. ¿Porque sigues en este lugar? y ¿no te aburres de este lugar? fueron las consultas que con mucha vergüenza y humildad exprese a mi compañero a lo que con una sonrisa gigante que nunca vi antes me respondió “¿ves mis zapatos?, ¿has notado alguna vez que los haya cambiado? tu sabes que no, son un par de zapatos gastados cualquiera, pero son mis zapatos gastados y su gastado es lo que yo fabrique con mi caminar, ya no necesito gastarlos más porque son exactamente lo que quiero”. Escuche su respuesta e indignado le grite “déjate de fábulas y responde mis preguntas” a lo cual con calma mi compañero procede a sacarse sus zapatos y los pone entre mis manos diciendo “úsalos un rato y dime si te acomodan”, obedecí su orden y le dije que sus zapatos me quedaban demasiado grandes y se los devolví de inmediato a lo que él simplemente callo y se retiró de la funeraria poniéndose sus zapatos gastados en el andar.

No volví a ver a mi compañero durante todo el resto del día, así que con los ánimos mas calmados decidí ir a pedirle disculpas a su oficina por lo rudo que fui, golpee con sosiego muchas veces su puerta sin recibir respuesta por lo que me atreví a entrar a su despacho para saber porque no respondía ninguno de mis llamados, pero grande fue mi sorpresa al encontrarme con un sobre encima de su escritorio con mi nombre, abrí tal sobre y en su interior se encontraba una carta de recomendación de trabajo, un finiquito y un fajo muy grueso de billetes con una pequeña nota escrita sobre el primer billete que decía: “para que gastes tus zapatos, yo ya no puedo ayudarte con esa aventura”.

Licencia Creative Commons

Casos de Vida por Raúl “El Búho” Muñoz se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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